martes, 13 de noviembre de 2012




SOY OLVIDO

Teníamos lo más importante y no supimos beberlo. Bastaba con dejar que la tarde lamiera nuestros zapatos royendo aquellas hojas secas que crujían sobre el parque.
El mundo no lo hacíamos nosotros y pensamos que tal vez, algún día, nosotros seríamos el mundo.
Vivíamos una azucarada aventura dejándonos engañar por fulminantes instantes que después se prestaban a desaparecer.
Todo quedó en un rincón sin ser pintado, una lluvia feroz nos dejó limpios de culpa, disuadidos por el hondo disparo de lo nuevo.
Pero ese rincón siguió la ley natural de esperarnos allí y todavía cualquier tiempo posterior que se le acerque para cambiarlo se despluma sin poder tocarlo, con lo cual, en momentos de indefinible indefensión, ante la vaga tristeza de algo de felicidad con tu nombre, vuelvo aquí a esperar el paso siguiente que no dieron los enamorados. Por este rincón corren los bramidos del rasante viento, que sigue azotando el suelo vacío que vuelvo a visitar dentro de mi abrigo marrón, con el papel añejo de tus poemas arañándome el cuello.
Los árboles me miran melancólicos, los recuerdos regresan a la profundidad, la tarde me reclama que le susurre una sonrisa. Y sonrío, porque tu sonrisa de entonces todavía me pertenece, seguro.
Bailo en el centro de nuestras ruinas, bailo con la sombra que el viento hace crujir frente a mis ojos cerrados.
Y yo regreso, regreso, de donde tú nunca sabrás que existimos.