miércoles, 18 de febrero de 2009

DEL DESIERTO AL LIBRO

Volaba yo por ninguna parte, cuando le vi a través de la ventana, solo su pelo negro, sentado a una mesa en la que había un blog , un bolígrafo y el brillo de una lámpara flexo. Parecía una estatua. Me llamó la atención verle tanto tiempo estático y me acerqué un poco mas.

Si me hubiera llamado por mi nombre, gustosa yo hubiera tocado la lira. Pero no. Una lucha glacial se adivinaba detrás de aquel rostro oscuro y hermético, una profunda insatisfacción consigo mismo, una batalla de dualidades que arañaba las paredes de la noche intentando llegar a la escritura. ¿Cuánto tiempo llevaría en el "quiero y no puedo"?. Deduje que posiblemente: Años. Y entonces aumento mi curiosidad sobre todos aquellos edificios, montañas, valles que habrían crecido dentro de el, en el intento de alcanzarse a si mismo. Se negaba a declararse impotente frente al mundo, no podía descorrer una simple cortina que al fin y al cabo era lo único que le apartaba de los poemas de su cuerpo.

Nunca debí intentar conocer el corazón humano, lo peor que se puede saber de un hombre son sus miserias interiores, ver esos detalles inexorables ajenos al lugar geométrico donde se ubican. El hombre frente a sus decepciones, buscando un espejo donde escapar de si mismo.

Entonces me sorprendió su gesto, de tomar la pluma con ambas manos y dirigir su punta directamente al pecho. Apenas toco la piel una oquedad enorme comenzó a abrirse, dentro se veían brillaR interminables arenas de desierto, el acto dolorosísimo de tocarse a si mismo en algún punto o el provocar un buceo hacia la luz.
Estaba en ante su propia puerta.Tenía su secreto en la mano y aun no lo había descubierto, aun no había aprendido a viajar del libro al desierto y del desierto al libro.

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