martes, 13 de noviembre de 2012




SOY OLVIDO

Teníamos lo más importante y no supimos beberlo. Bastaba con dejar que la tarde lamiera nuestros zapatos royendo aquellas hojas secas que crujían sobre el parque.
El mundo no lo hacíamos nosotros y pensamos que tal vez, algún día, nosotros seríamos el mundo.
Vivíamos una azucarada aventura dejándonos engañar por fulminantes instantes que después se prestaban a desaparecer.
Todo quedó en un rincón sin ser pintado, una lluvia feroz nos dejó limpios de culpa, disuadidos por el hondo disparo de lo nuevo.
Pero ese rincón siguió la ley natural de esperarnos allí y todavía cualquier tiempo posterior que se le acerque para cambiarlo se despluma sin poder tocarlo, con lo cual, en momentos de indefinible indefensión, ante la vaga tristeza de algo de felicidad con tu nombre, vuelvo aquí a esperar el paso siguiente que no dieron los enamorados. Por este rincón corren los bramidos del rasante viento, que sigue azotando el suelo vacío que vuelvo a visitar dentro de mi abrigo marrón, con el papel añejo de tus poemas arañándome el cuello.
Los árboles me miran melancólicos, los recuerdos regresan a la profundidad, la tarde me reclama que le susurre una sonrisa. Y sonrío, porque tu sonrisa de entonces todavía me pertenece, seguro.
Bailo en el centro de nuestras ruinas, bailo con la sombra que el viento hace crujir frente a mis ojos cerrados.
Y yo regreso, regreso, de donde tú nunca sabrás que existimos.

martes, 10 de agosto de 2010

EL HOMBRE FRAGMENTADO

ROBERTO ESTABA PREOCUPADO, hacia tiempo que parecía no vivir en aquella familia, sólo cuando todos salían, él bajaba las escaleras de madera que se estremecían ruidosamente y deambulaba por la casa, sentándose por breve tiempo en un sillón, tocando el piano, bebiendo un vaso de agua en la cocina.
Realmente tenía un problema, todo lo olvidaba, nada parecía interesarle, todo simulaba irse de delante de su mirada a otro lugar, todo, menos la materia de matemáticas que impartía en el Instituto, en la que, por una extraña asociación simbólica, los números se habían convertido en el medio natural por el cual, él conseguía verse insertado en el mundo.

Ángela, había caído del lado de la melancolía, el matrimonio es aquello que no se espera nunca que pase entre dos personas que se aman, la fidelidad también caduca, tenia que conseguir vivir la vida sin la mitad de su deseo, aceptar que Roberto de vez en cuando era imprevisible y era en el acto de reconciliación donde volvía a encontrar a aquel hombre sumamente tierno, desvalido y lleno de detalles del que se enamoró un día. Mientras, su imaginación, era un amplio paisaje de personajes sin rostro donde ella alcanzaba su fantasía.

Estaban vistiéndose para el concierto, no le gustaba la música clásica, pero era mas fácil acompañarle que las consecuencias de manifestar su gusto. Ella terminó de arreglarse y sin hacer mucho ruido, fue a sacar el coche del garaje.
Roberto, quedó en el dormitorio abotonándose la camisa azul, situado frente al espejo, anudando la corbata que caía a ambos lados de su cuello como los restos de una serpiente sumisa. De repente, el asombro, el descubrimiento, Roberto era solamente, aquellas manos cotidianas que organizaban los giros sobre la tela, la ausencia de todo lo que no fueran las manos le remitía a una búsqueda desconocida, empezada , sólo empezada.
Después fijó la vista en el rostro, imagen familiar, que bien podría ser la del personaje de su película favorita, reconocida y ajena, impermeable a sentimientos, y fuera de esa idea, un rostro sin cuerpo, que es lo mismo que pensar un personaje sin tiempo, un hombre sin lugar, un muñeco sin atributos.

Miró sus piernas, las de un hombre sin rostro, sin cuerpo, sin manos, un hombre de dos largas avenidas de ida y vuelta, un hombre de escalera de caracol a ninguna parte, un regreso interminable a los zapatos que hacían de él, el ser habitado donde bullían estos pensamientos. ¿Cómo iba a ser responsable de donde iban sus pies, o sus manos, cuando desaparecían de la vista? ¿Dónde se olvidaba todo cuando desaparecía de la mirada? Tomó el joyero de madera tallada de Ángela y desesperado, lo lanzó contra el espejo convirtiendo el suelo en un campo de soles diminutos que por todas partes reflejaban secciones mínimas de la casa, de su cuerpo, del mundo, figuras deformadas, repetidas, anguladas, picos obtusos en algún lugar de su muchedumbre, tal vez, esa parte desestructurada en la que nos movemos pensando qué es el azar. Veía la suma de su tiempo, todo lo que no había podido juntar, lo que había empezado y seguía sin fin, una insatisfacción indefinible.
Bajó la escaleras azorado, nervioso, desorientado. Ángela le esperaba de pie, junto a la puerta abierta del coche, con las llaves en la mano.
- Pero, ¿Porqué no me entiendes Ángela?. No escuchas nunca lo que te digo, no es así el mundo, comprendes o no quieres comprender, así no Ángela, así no. Sí, la culpa es del mundo, que se esconde de nosotros hasta que ya no podemos remediar sus formas.
Al instante, no era Roberto, sino esa mano que había rozado el límite del otro, la palma que picaba, y le recriminaba el sonido sordo e irrefrenable que su mirada apenas había visto y al momento, ya tampoco era el límite donde habían terminado dos personas, sino esa cara de mujer discretamente maquillada, ahora encendida, bajo la marca de una huella, una huella que según el, era de nadie.
- Nunca más, escúchame, decían aquellos labios en mueca de dolor y sangre.
Vio a Ángela durante el giro de un cuerpo que entraba en el coche, por un momento fue ella un olor a flores de plástico y llanto que ponían en marcha el motor y se alejaban a otro destino definitivo.
Así desapareció Ángela, un coche que se difuminaba por la calle, a veces entre las copas de los árboles, no había dolor, no había nada que retener . Roberto se convirtió en la parte aséptica de lo humano, es decir, la calle donde caía el sol, unas casas con jardín y bicicletas, y un espasmo que cruzaba la mente siempre de paso, sin jamás dejar atrás nada.
Volvió al dormitorio, se quito la chaqueta y la puso en el suelo, fue recogiendo los trozos de cristales y poniéndolos uno a uno, sobre el forro brillante de la chaqueta, sentía el frío cristal en esas manos, que no reconocían el tacto de la realidad, que se excusaban solas, en la incontinencia, como le habían enseñado, diciendo, que no sabían lo que hacían. Los recogió todos, tomó la chaqueta como si fuera un saco y bajo a la cocina, puso los cristales sobre un plato, alcanzó el cuchillo y el tenedor y se sentó a la mesa. Ahí estaba todo él, trozo a trozo, día a día, sentimiento a sufrimiento, sumando destrucciones, aquello que le gustaba, el deseo resbaladizo y todo el odio, la impotencia y la trasparencia de sus ojos asustados que se reflejaban en minúsculos cristales dispersos de su conciencia; no había prisa, se podía intentar en cualquier momento, pero algún día para verse, tendría que tragarse todo aquello, para reconstruirse tendría que corregir su historia, juntar uno a uno, todos sus pedazos.

Mañuela Cámara Peragón

martes, 3 de marzo de 2009

TESIS SOBRE EL CUENTO, RICARDO PLIGIA

Tesis sobre el cuento

Los dos hilos: Análisis de las dos historias

Ricardo Piglia

I

En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.

Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.


II

El cuento clásico (Poe, Quiroga) narra en primer plano la historia 1 (el relato del juego) y construye en secreto la historia 2 (el relato del suicidio). El arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.

El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.


III

Cada una de las dos historias se cuenta de un modo distinto. Trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales del cuento tienen doble función y son usados de manera distinta en cada una de las dos historias. Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.


IV

En "La muerte y la brújula", al comienzo del relato, un tendero se decide a publicar un libro. Ese libro está ahí porque es imprescindible en el armado de la historia secreta. ¿Cómo hacer para que un gángster como Red Scharlach esté al tanto de las complejas tradiciones judías y sea capaz de tenderle a Lönnrott una trampa mística y filosófica? El autor, Borges, le consigue ese libro para que se instruya. Al mismo tiempo utiliza la historia 1 para disimular esa función: el libro parece estar ahí por contigüidad con el asesinato de Yarmolinsky y responde a una casualidad irónica. "Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro publicó una edición popular de la Historia de la secta de Hasidim." Lo que es superfluo en una historia, es básico en la otra. El libro del tendero es un ejemplo (como el volumen de Las mil y una noches en "El Sur", como la cicatriz en "La forma de la espada") de la materia ambigua que hace funcionar la microscópica máquina narrativa de un cuento.


V

El cuento es un relato que encierra un relato secreto.

No se trata de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.

Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento.


VI

La versión moderna del cuento que viene de Chéjov, Katherine Mansfield, Sherwood Anderson, el Joyce de Dublineses, abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada; trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo. El cuento clásico a lo Poe contaba una historia anunciando que había otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola.

La teoría del iceberg de Hemingway es la primera síntesis de ese proceso de transformación: lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.


VII

"El gran río de los dos corazones", uno de los relatos fundamentales de Hemingway, cifra hasta tal punto la historia 2 (los efectos de la guerra en Nick Adams), que el cuento parece la descripción trivial de una excursión de pesca. Hemingway pone toda su pericia en la narración hermética de la historia secreta. Usa con tal maestría el arte de la elipsis que logra que se note la ausencia de otro relato.

¿Qué hubiera hecho Hemingway con la anécdota de Chejov? Narrar con detalles precisos la partida y el ambiente donde se desarrolla el juego, y la técnica que usa el jugador para apostar, y el tipo de bebida que toma. No decir nunca que ese hombre se va a suicidar, pero escribir el cuento como si el lector ya lo supiera.


VIII

Kafka cuenta con claridad y sencillez la historia secreta y narra sigilosamente la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Esa inversión funda lo "kafkiano".

La historia del suicidio en la anécdota de Chejov sería narrada por Kafka en primer plano y con toda naturalidad. Lo terrible estaría centrado en la partida, narrada de un modo elíptico y amenazador.


IX

Para Borges, la historia 1 es un género y la historia 2 es siempre la misma. Para atenuar o disimular la monotonía de esta historia secreta, Borges recurre a las variantes narrativas que le ofrecen los géneros. Todos los cuentos de Borges están construidos con ese procedimiento.

La historia visible, el cuento, en la anécdota de Chejov, sería contada por Borges según los estereotipos (levemente parodiados) de una tradición o de un género. Una partida de taba entre gauchos perseguidos (digamos) en los fondos de un almacén, en la llanura entrerriana, contada por un viejo soldado de la caballería de Urquiza, amigo de Hilario Ascasubi. El relato del suicidio sería una historia construida con la duplicidad y la condensación de la vida de un hombre en una escena o acto único que define su destino.


X

La variante fundamental que introdujo Borges en la historia del cuento consistió en hacer de la construcción cifrada de la historia 2 el tema del relato. Borges narra las maniobras de alguien que construye perversamente una trama secreta con los materiales de una historia visible. En "La muerte y la brújula", la historia 2 es una construcción deliberada de Scharlach. Lo mismo ocurre con Azevedo Bandeira en "El muerto", con Nolam en "Tema del traidor y del héroe".

Borges (como Poe, como Kafka) sabía transformar en anécdota los problemas de la forma de narrar.


XI

El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. "La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato", decía Rimbaud.

Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento.

jueves, 26 de febrero de 2009

Nada





LAMOUR REVE - Andre Gagnon


No importa, no es nada,
ni siquiera aire,
nunca nos dijimos nada
en ninguna parte,
cosas que se olvidan sin llegar a percibirlas,
sentimientos huérfanos sin cama, sin calle.

No importa, no es nada,
ni siquiera un destello que molesta,
ni brizna de hierba en el zapato,
quejas sordas que nunca llegaron a pronunciarse.

No importa, no es nada
el beso dado con el pensamiento
y el resto, todo lo intocable,
y una mota en el ojo, una excusa,
y no es nada recordar un nombre
o un lugar sin nombre
o para siempre nada.

JUAN CARLOS MESTRE: "La oscuridad habita los suburbios de la belleza".





La Casa Roja

Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa donde los cardenales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio. El diluvio tiene las barbas blancas como el sauce de la jurisprudencia un domingo de bodas. Los predicadores aman la tempestad y golpean con sus Biblias de nácar la erección de los guardiamarinas. Las familias beben alcohol, se santiguan, recolectan insectos. El niño de la lámina se masturba plácidamente con la transparencia. La rosa de Jericó huele a vainilla. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa cuya ilusión está llena de peces, el pez de San Pedro, la conciencia del delfín encerrada en el aro de la bahía desierta. Lorenzo de Médicis tenía una casa roja, los maniquíes de Bizancio tenían una casa roja. Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante. La geometría bebe veneno, en el canto de los pájaros suena la armonía del baile de los muertos. En la casa roja hay una mesa blanca, en la mesa blanca hay una caja de plata con la nada del sábado. La intemperie gime contra los muros, la tristeza gime contra los mármoles. El profeta tuvo una casa de papiro a la orilla del lago, la muchacha del ghetto vivió en la casa de las preguntas. Mi mano izquierda luce un anillo de agua, en el camafeo de la supersticiosa brilla el mercurio de la temperatura. Lo que canto es lumbre, caballos lo que canto contra la aritmética y los números. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja, una casa bajo el índice del cielo y el negro nenúfar de la amante devota. El muchacho con ojos de ebonita ama la enfermedad y el rubí de los reyes. Las mujeres hermosas sueñan con acuarelas, sueñan con garzas y volúmenes y súbitos prodigios sobre las alfombras de lana. Yo vivo extraviado entre dos rosas de sangre, la que tiñe la calamidad de impaciente belleza, la que tiñe la aurora con su astro eucarístico. Mi voluntad tiene la cólera del orfebre, mi capricho tiene el óxido de tu frente de hierro. Nadie cruza los bosques malignos, nadie sobre la yerba de la muerte escucha el desconsolado discurso de las ceremonias asiduas. Yo veo el arco iris, yo veo la patria de los músicos y el olivo de los evangelios. Mi casa es una casa roja bajo la fibra de un rayo, mi casa es la visión y la beldad de una isla. Aquí cabe la gala del mandarín y la escrupulosa usura de las edades antiguas- Esta casa mira al norte hacia las lagunas de los helechos, esta casa mira al sudeste azotada por el aliento de los que piden limosna.

JUAN CARLOS MESTRE: "LA POESIA ES UNA MANERA DE ESTAR EN EL MUNDO".






EL POETA

Para Rafael Pérez Estrada



Recorrimos los suburbios,
anduvimos juntos entre la maleza,
dormimos en los cobertizos.

El poeta barba de maíz roedor de los sembrados,
el poeta bobina de hilo de las cometas.
El que bajo los párpados de lino del verano
es la voz ronca del vendedor ambulante,
la mirada del viento que seca la tierra mojada.

Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la adivina,
al solitario de boina gris,
al que oye sus palabras como relato de un robo. .

El poeta vidrio de los cuatro colores de la atmósfera,
el poeta oscuro llave de las alacenas.
El que está sentado a la diestra del padre
junto al jugador de baraja que lee la fortuna,
el que le dice a la vida, oye vida,
y se acuesta con ella.

Lo que dice el poeta,
lo que el poeta dice
al que se cree dueño de algo,
propietario del reflejo de algo,
amo de la discordia de algo.

El que deambula de noche por los cercados,
el poeta amigo de las hormigas
que construye una casa de harina.
El que guarda en su artesa cuero de tambor
y pan nublado del sábado.

El poeta cera amarilla de las iglesias
que baila con el agua de las pecadoras,
el poeta barco de papel
que duerme con la muchacha sin labios.

Sus manos escriben el rótulo de las mercerías,
saludan en la iglesia al dueño del alambique.
El que se llama Niebla, Pelirrojo Crepúsculo,
el que no sabe a quién besarán ahora los ojos de Triste Boca de Nuez,
el que silba como el pájaro de las colinas,
el hijo del panadero que conversa con el martín pescador.

Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la muchacha con calcetines blancos
y pequeños ojos de colibrí.
El viejo pastor comensal del otoño,
el poeta ruido de las semillas, carpintero del Arca de los animales.
El delirante bajo el filamento de las bombillas
para el que aún tiene sentido seguir dándole vueltas.
El que vive en la patria de una mujer desnuda,
el hijo de la locura que llora médula de caballos
sumergido en el humo de su choza de adobe.

El que vino a barnizar con leche la jaula de los cantos,
aquel cuya cabeza ha rodado como una peonza
por la tarima de los burdeles
y ha recorrido todos los templos
pidiéndole favores al crucificado.
El consentido por el vínculo de las zurcidoras,
el que padece una enfermedad inmortal
y levita en los parques tumbado de espaldas.

El poeta que cruza en ambulancia los campos de girasoles,
el poeta ángel de los pesebres,
brizna de los acantilados.
El poeta reloj de lluvia de las epidemias,
vapor de los harapos hervidos contra la peste.
El que ha hipotecado la hacienda de varias generaciones
y ahora es el ánima de un bolchevique embriagado de vodka.

El patriarca que abrió una tienda de ultramarinos
y compra por cuatro centavos un ramito de sífilis,
el que conoce el comercio de especias y el tráfico de resinas,
el compadre de los anarquistas
con su escarabajo negro ante el eclipse de mar.
El que rodeado de profecías y pájaros
vive en las manos de una arpista,
el que tiene dedos de trébol y cerillas,
aquel cuyas cenizas alimentarán las carpas de los estanques.

Recorrimos los suburbios,
anduvimos juntos entre la maleza,
dormimos en los cobertizos.

Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la adivina,
al bisabuelo judío que dormía en la comuna
y aún vaga con su barba blanca por ahí
proclamando su consigna a las abejas:
Las estrellas para quien las trabaja.

***



LA LIBELULA

Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. Verdaderamente
las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
extraños seres petrificados en la ternura como benignos nódulos
en la perfección de los huesos. En aquel tiempo
yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.
Cansadas como paraguas cerrados recogía las maderas auditivas
de un mar inexistente y con ellas construía algo parecido a una casa.
En aquellos días algo parecido a una casa eran las conversaciones,
palabras relacionadas con la pestaña premonitoria, gatos en los cerezos.
Yo desconocía los vínculos y toda oscuridad era para mí un obsequio,
un rumor de la eternidad que se prestaba como cuerpo desnudo a mi mano.
No era la boca del amor la que respiraba ese óxido, sino la imaginación
del amor como un sastre con pantalones verdes el día de la felicidad.
Verdaderamente las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
la ilusión del hombre es una luz que llega desde lo desconocido
mas no es él el dueño de esa invención sino el ruido de un rumor prestado,
la cámara del que guarda su placer en ella.
Yo tenía la costura de una libélula en el corazón
pero las hojas cerebrales hacían crecer mis manos hacia dentro
en busca de una palanca con la que desalojar la piedra del miedo.
Sin esfuerzo comencé a llorar al revés, a confundir los sentidos
que guían la gota gramática hacia una lengua extranjera.
Antes que me tomaran por un extraño ya que yo no era el dueño de esa invención
me alejé del optimismo de ser entendido por más de dos
y comencé a oír mis propias palabras como martillazos retumbando en un espacio vacío.
Era como si el tiempo hubiera dejado de durar,
era como si todas las obras imaginadas por un ciego se derritiesen al tacto,
como si la langosta hubiera descendido sobre los campos del espíritu.
Yo solo tenía una libélula en el corazón como otros son hermanos del vértigo
y llevan la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes.
Está bien, las especies de la verdad son cosas difíciles de creer,
es probable que la invisibilidad y estos hechos
solo guarden relación con una libélula.

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